domingo, 7 de junio de 2026

De Humanitas, IAs y encíclicas

 

DE HUMANITAS, IAs Y ENCÍCLICAS
(Simples comentarios )

El lunes 1 de junio de 2026 el actual papa de Roma, León XIV, que apenas lleva en el cargo un año, presentó su primera encíclica: Magnifica humanitas. Esta semana lo tenemos en España de viaje apostólico (así se denominan estos baños de multitudes), del 6 al 12 de junio.

Estos baños de multitudes bajo el sol de Madrid, Barcelona y Canarias han eclipsado la literatura que toda encíclica papal desencadena. Los comentarios en prensa, radio y televisión han ocupado multitud de páginas, artículos de fondo y tertulias. Posiblemente, dada la dinámica líquida de nuestras sociedades (Zygmunt Bauman) y el aluvión de noticias nuevas que eclipsan noticias con escasas horas de vida, se hable poco de la encíclica de aquí en adelante. No pasa nada.

Mi primer consejo es leer directamente Magnifica humanitas y a continuación o simultáneamente la Rerum novarum de León XIII, escrita en 1891, ya que la Magnifica humanitas, recién salida del horno, pretende hacerle un homenaje o ser una continuación dentro de lo que en el catolicismo se denomina Doctrina social de la Iglesia.

El asunto principal que se trata en la encíclica es la relación de las sociedades del siglo XXI con una realidad tecnológica que, sin pedir permiso, en un cortísimo período de tiempo y de modo invasivo, se ha colado en nuestras vidas y es omnipresente. La Inteligencia Artificial (IA) sería la estrella de las tecnologías digitales a día de hoy. León XIV, que es el representante de una religión con muchísimos seguidores en el mundo (la religión católica), considera que algo tiene que decir al respecto, como en su día León XIII se posicionó ante el fenómeno de la revolución industrial y los movimientos obreros de clase.

No podemos negar que la encíclica expresa algunas críticas sensatas y preocupaciones que no son nuevas ni originales: se vienen expresando desde hace años en otros ámbitos no religiosos (científicos, académicos, educativos...). Las empresas tecnológicas, desde un planteamiento de capitalismo despiadado, han impuesto unos productos y unas dinámicas sociales sin reparar en las consecuencias negativas que puedan ocasionar en los individuos y las sociedades. Es muy preocupante que la regulación de estos productos no esté en manos de los parlamentos y los gobiernos de los estados, sino que venga marcada directamente por los dueños de dichas empresas.

Muchos coincidimos en que toda innovación tecnológica debe ser paralela a unas medidas sociales, principalmente en el terreno del empleo (trabajo), de manera que las clases obreras no carguen con las consecuencias de explotación laboral o paro que se originan con las innovaciones. El nobel de economía Daron Acemoglu (2024), que en ningún momento es citado en la encíclica, explica en Poder y progreso; nuestra lucha milenaria por la tecnología y la prosperidad (2023) cómo esta dinámica de lucha de intereses entre las clases ricas y promotoras de los "avances tecnológicos" y las clases humildes es tan antigua como la humanidad, y cómo siempre las clases humildes, al menos en los periodos de transición, sufren las consecuencias negativas de esos "avances". Es lo que está sucediendo en el mundo que vivimos en 2026. Por supuesto, los avances más punteros siempre los vemos funcionando en las industrias de la guerra, sean los carros del Faraón o los drones de las guerras modernas. León XIV coincide con nosotros en estas apreciaciones. No nos descubre nada que no sepamos.

Evidentemente, nada es absolutamente blanco o negro. ¿Cómo no vamos a valorar positivamente las aplicaciones de la tecnología, por ejemplo, en el campo de la medicina? La realidad es una gama de grises, y negarlo sería una necedad. No obstante, la impresión general, y con razón, es de preocupación por lo que pueda pasar en un futuro inmediato, en el que la tecnología frecuentemente se asocia a la insolidaridad, la explotación, la manipulación ideológica, determinados trastornos psicológicos, la alteraciones de las relaciones sociales, etc.

Hasta aquí de acuerdo con Magnifica humanitas. Y nada que objetar en relación con su postura pacifista y contraria a cualquier conflicto bélico en el mundo, como no podría ser de otra manera y como se han manifestado cuantos papas yo recuerdo: su postura es clara y radical. Tampoco oculta que en la iglesia ha habido "injusticias y abusos", y se lo reconozco, aunque ciertamente no emplea el adjetivo "sexuales" ("abusos sexuales a menores") que es el que "raspa". 

Sin embargo, de la encíclica, que en la edición que yo manejo tiene 255 páginas, podemos decir más cosas. Y a eso vamos.

León XIV ha sido, es y será un fraile agustino, y no lo disimula ni en sus gestos, ni en su estilo de vida, ni en lo que escribe. San Agustín de Hipona fue una de las figuras del final del imperio romano que más han influido en las generaciones posteriores a su muerte y que sigue influyendo hoy en día. Aunque el de Hipona se manifestó en los años posteriores a su consagración episcopal como un acérrimo contrario al maniqueísmo, del que fue prosélito en sus años jóvenes y no tan jóvenes, realmente ha sido su mejor embajador, nunca se lo sacudió de encima (posiblemente le seguía convenciendo la doctrina de Mani en lo más profundo de su ser), y nos lo ha transmitido mezclado con el neoplatonismo imperante de su tiempo (cuando leemos a Platón, no sabemos qué es del Platón discípulo de Sócrates y qué es de Plotino, figura capital del neoplatonismo del siglo III d. C.). Y, como digo, seguimos pendientes o cargando con San Agustín, y no para bien en mi humilde opinión.

De San Agustín, que fue un hombre muy inteligente y atractivo, un excelente escritor y vivió muchos años, habría que leer sus Confesiones y De civitate Dei, tal vez las dos obras de su corpus más difundidas y que forman parte del elenco de la literatura clásica de todos los tiempos. Si se quiere profundizar más en su figura y en su tiempo, es muy recomendable la obra de Peter Brown: Agustín de Hipona, una biografía. 

Desde el comienzo de la encíclica el dualismo de San Agustín, incluso citando directamente  De civitate Dei, está presente. La contraposición entre los pasajes bíblicos de la Torre de Babel y la reconstrucción de la muralla de Jerusalén después del destierro de Babilonia (libro de Nehemías) no me parece acertada. La realidad, como decimos, tiene muchos matices y detrás de esta selección de pasajes bíblicos hay una visión clerical, clasista e inexacta de lo que son la realidad y la condición humanas. Menos lobos Caperucita en la reconstrucción de la muralla que se relata en el libro de Nehemías: la intención principal era defensiva o bélica, no eran tan colaboradores y majetes unos con otros y se buscaba potenciar el símbolo de Jerusalén como lugar privilegiado de la presencia del Dios único, propio de la ideología de los que asumieron el poder en Israel después del exilio. Hay que leer el libro completo para comprender lo que digo. Yo hubiera abordado la hermenéutica y actualización de otras imágenes bíblicas, que las hay.

En ese dualismo de las dos ciudades que conviven en este mundo, la celestial (representada principalmente por la iglesia, o mejor dicho, por León XIV y el clero en la actualidad) y la terrenal (representada por los gobernantes de los países y la gente de a pie, especialmente la incrédula), los consejos nos vienen de la ciudad chachi, la celestial, que es la que entiende lo que pasa, detenta la autoridad moral y marca la pauta de lo que tienen que hacer "los otros". Ese dualismo se entiende muy bien viendo las películas de Harry Potter, donde conviven el mundo de los magos y el de los muggles, que no se enteran de nada. La intención de León XIV es orientarnos a los "laicos" y gentes del escalafón inferior a lidiar con la que se nos viene encima con la IA. Muchas gracias Santidad. ¿Pero, León, no es tu problema también? ¿Acaso vives por encima del bien y del mal?

La encíclica es autorreferencial: la mayoría de las citas en el texto o a pie de página son de encíclicas de papas anteriores o de autores católicos, como el omnipresente San Agustín. Ni una mención a la ética del diálogo de Habermas o a Byung Chul Han en algunos análisis sobre el uso de los datos digitales. Nada de nada. 

Si alguien lee, como recomendé más arriba, la  Rerum novarum de León XIII, le llamarán la atención dos cosas: la defensa a ultranza de la propiedad privada sin límites ni cortapisas (la Iglesia Católica es una institución con muchas propiedades, no lo olvidemos) y el ataque a los movimientos socialistas de lucha por los derechos laborales de los obreros. Pide a los ricos que paguen lo que es justo a sus obreros, faltaría más, pero a los obreros les pide sumisión y paciencia para soportar el rol o la clase social que les ha tocado en suerte en esta vida. Se podrá decir que en el contexto del siglo XIX esto supuso un gran avance: no lo dudo, pero León XIII defiende lo que defiende y, como no era tonto (ningún papa lo es), sabía muy bien lo que decía y a quién debía arrimarse para perpetuar los privilegios de su empresa, es decir, la Iglesia Católica.

Sin ser tan descarado, León XIV, como no puede ser de otra manera, defiende la propiedad privada (yo también la defendiendo con matices), pero tampoco pone límites. ¿Andamos finos y claros en otros asuntos como el aborto y la eutanasia y en este no? Tampoco andamos finos en la discriminación machista estructural de la mujer en la iglesia católica. Vaya, este asunto no lo toca León XIV en la encíclica, pero sí la defensa de la vida en relación con el aborto y la eutanasia. Que no digo yo que no exprese esa postura, es libre como todos, pero no viene a cuento en esta encíclica y, aun así, la mete con calzador.

Entre otras cosas, con el pretexto de la libertad, la defensa de la propiedad privada deriva, cuando toca el tema educativo, en una defensa indirecta pero clara de la educación privada, la de los curas y las monjas, que, por lo visto, son los únicos que "trabajan los valores" con claridad en las aulas. Los agustinos tienen muchos colegios privados en el mundo, sin ir más lejos el que hay en el mismísimo monasterio de El Escorial, el de Felipe II. ¿Y la escuela pública? ¿No existe? ¿A qué nos dedicamos en la escuela pública? ¿No educamos en valores? ¿No acogemos a cualquier tipo de alumnado sin atisbos de discriminación por sexo, raza, procedencia, clase social, capacidades o lo que sea? ¡Ay, qué denostado está el sector público por parte de los que tienen los altavoces de los medios de comunicación! ¡Denostado o ignorado, que no sé qué es peor! ¿No existen los servicios sociales municipales, donde sus trabajadores, la mayoría mujeres, qué casualidad, a diario se parten la pana con los más desfavorecidos de la sociedad en cuanto que personas con todos los derechos civiles por el simple hecho de ser personas? ¿Por qué no se menciona la ética del ciudadano democrático, que posiblemente es la más radical y comprometida con los derechos humanos?

¿Estamos en un momento de involución social? Posiblemente. Esta encíclica y la visita de estos días tal vez sean una prueba. Cuando veo las imágenes por televisión, me pregunto ¿dónde se ha quedado el laicismo en la sociedad española? Al menos en la puesta en escena, cuesta ver algún resto.

La expresión "Jesús de Nazaret" no se utiliza en todo el texto. ¿Por qué? ¿Uno es cristiano porque sigue a quién? ¿No es el Cristo Jesús de Nazaret, el crucificado, y no otro? La eclesiología que rezuma la encíclica es una eclesiología de clero y feligreses, no de hermanos y hermanas, empleando el lenguaje del Nuevo Testamento, que juntos siguen a Jesús de Nazaret, a quien tienen como referencia y, por supuesto, como hermano mayor. La "Teología de la Liberación" ha desaparecido del imaginario católico. Ya ni siquiera se la critica. Simplemente ha sido borrada del mapa. Y, en mi opinión, aportaba unas categorías serias de pensamiento y praxis bien estructuradas que podrían ser un instrumento eficaz a la hora de abordar el "asunto" de la encíclica. Ni de refilón se la menciona. Pues, León XIV, trataste con ella sí o sí en tus años de obispo en Perú. ¡Si Pedro Casaldáliga y tantos otros y otras levantaran la cabeza! ¡Qué gran oportunidad perdida, una vez más, en la Iglesia Católica! Así nos va.

Voy a terminar, paciente lector, porque a este paso escribo yo otra encíclica..., que con ganas me quedo. 

En conclusión, leed la encíclica, es uno de los textos que hay que conocer de primera mano para estar al día de lo que pasa y se piensa en el mundo actual, y sacad vuestras propias conclusiones. Y, si lo veis oportuno, respetuosamente las compartimos y comentamos, nadie tiene la verdad absoluta sobre nada, empezando por mí mismo.

Carlos Cuadrado Gómez

viernes, 20 de febrero de 2026

Lecturas, escrituras y otras cosillas


LECTURAS, ESCRITURAS Y OTRAS COSILLAS
(Simples comentarios)

Pasan los días, pasan las semanas, pasa la vida. El mundo está revuelto, posiblemente como lo ha estado siempre, pero este es el que nos toca vivir y, por lo tanto, sin remedio nos toca gozarlo, sufrirlo, simplemente soportarlo o ignorarlo hasta donde nos sea posible. No defiendo el fuga mundi de los antiguos, sólo constato que, en medio de esta vorágine social e informativa, es posible dedicarle un rato a los libros, tanto si los escribimos como si los leemos. En mi opinión, mejor leerlos. La lectura nos da más satisfacciones que la escritura, que la mayoría de las veces es fatigosa y poco gratificante en su fase de proceso. Es más clara la vocación de lector que la de escritor, y, de hecho, la primera siempre precede a la segunda. Si se es sensato, no se probará con la segunda. Pero menos mal que la historia está llena de insensatos a los que da gusto leer.

Comenzaré con Jane Austen. Estoy leyendo sistemáticamente su obra. Es asombroso que una persona que murió con 41 años escribiera unas novelas tan geniales y únicas. A Jane Austen la leyó la familia y cuatro más, lo cual corrobora la idea de que una cosa es escribir y otra distinta publicar y difundir. Jane Austen vivió y escribió en el mundo rural de la Inglaterra de finales del XVIII y principios del XIX, cuando Napoleón Bonaparte campaba a sus anchas por Europa. Sus novelas son magistrales y reflejan la realidad del entorno más cercano a Jane (el de la gente con recursos económicos), principalmente la vida de las mujeres y los procesos amorosos (ligoteos) que acababan o no en matrimonio, en los que el dinero y la posición social eran factores muy determinantes. Por supuesto, las novelas están escritas desde la perspectiva de las mujeres, puesto que la autora es una mujer. Hace tiempo leí Emma, por recomendación de Harold Bloom, pues la incluía en su canon como una escritora imprescindible, junto a Cervantes, Shakespeare o Dante (El canon occidental...). La novela me encantó.

He vuelto recientemente a Jane Austen porque después del verano vi la serie televisiva Señorita Austen, dedicada a su hermana Casandra Austen y a las cartas que tenía de su hermana Jane (4 capítulos). La actriz que interpreta el papel de Jane, Patsy Ferran, me recordó a una alumna encantadora que tuve hace años, con misma chispa del personaje de la serie, y eso y el hecho de que desde que leí Emma tenía el compromiso que volver a la Austen me han empujado a leer las siete novelas que escribió en orden cronológico. Hasta el momento he leído cinco, siempre con avidez: Sentido y sensibilidad (1811); Orgullo y prejuicio (1813); Mansfield Park (1814); Emma (1816), que he releído, sinceramente no me acordaba de nada; y La Abadía de Northanger (1818, póstuma). Tengo pendientes las dos últimas: Persuasión (1818, póstuma) y Lady Susan (1871, póstuma). Jane Austen consigue atornillar de tal manera al lector al texto que es muy difícil renunciar a leer la página siguiente, y la siguiente, y la siguiente. Puedo pecar de torpe, o sin paliativos peco de torpe, pero, aunque no es difícil adivinar el desenlace final, nunca adivino por dónde va a tirar la autora y cómo va a llegar a él, de manera que me tiene permanentemente en ascuas y tengo que hacer verdaderos esfuerzos para abandonar la novela hasta el día siguiente. 

La serie televisiva los Bridgerton, a la que dediqué una entrada en diciembre de 2024, le debe muchísimo a nuestra Jane Austen, no cabe duda. Por fin, ha llegado a las pantallas la última temporada, que es el cuento de Cenicienta con "guante" en vez de "zapato". De los ocho capítulos de que consta, sólo están disponibles los cuatro primeros, y, sinceramente, ¡no vemos el momento de que aparezcan los siguientes cuatro! Mi hija Teresa y yo estamos enganchados a la Austen y a los Bridgerton y tenemos una enorme ansiedad por saber cómo continúa la historia. Habrá que esperar, no nos queda otra.

Después de lo dicho, mi humilde recomendación, querido lector, es que leas a Jane Austen y no tengas miedo de engancharte a los Bridgerton.

Entre novela y novela de la Austen, he metido otras cosas, por aquello de no darme un atracón del mismo plato y poder saborear lo bueno con algo de sosiego. He descubierto a la joven escritora ecuatoriana Mónica Ojeda (37 años). Vi la entrevista que le hizo Henar Álvarez en el programa Al cielo con ella (02/11/2025). Me pareció una persona brillante, inteligente y muy interesante, y, por su modo de hablar, consideré que debía leer algo de ella. No me ha defraudado. Acabo de leer Nefando, una novela valiente y dura, que se mete sin miedo en la Deep Web y en los recovecos más profundos de la miseria humana. Pero lo que más me ha llamado la atención ha sido su modo de escribir: Mónica desarrolla una prosa de altísima calidad. Me ha impresionado de verdad. Con esa técnica y esa sensibilidad, puede escribir lo que le dé la gana. Ahora estoy con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol. Mantiene el nivel. Me recuerda el dominio de la lengua castellana de Miguel Ángel Asturias en Hombres de maíz. ¡Qué gente tan genial hay por el mundo! ¿Recomendable la Ojeda? Por supuesto.

Pasemos a libros sobre romanos. Siempre me he preguntado cómo en el periodo que llamamos el final del imperio romano de Occidente (en torno al siglo IV d. C.), sujetos que vivieron en una columna (estilitas) o en cuevas en mitad del monte, sin apenas comer y beber y, por supuesto, castos pudieron ser un referente moral para varias generaciones. ¿Cómo de herida o enferma estaba aquella sociedad para que una conducta patológica de desprecio y de daño al propio cuerpo se percibiera como un modelo a seguir? He estado muchos años sin encontrar una bibliografía ad hoc que me convenciera. Pero la he encontrado recientemente. Un personaje capital de la época es San Agustín de Hipona, posiblemente uno de los individuos que más han influido e influyen, para bien o para mal, en lo que somos los occidentales. Creo que ya he comentado en alguna ocasión sus Confesiones y De civitate Dei. Se ha reeditado las biografía de Peter Brown (Agustín de Hipona. Una biografía). La tengo en espera, todavía no le he metido el diente. Antes he abordado del mismo autor El mundo de la Antigüedad tardía. De Marco Aurelio a Mahoma (libro imprescindible para comprender ese periodo de la historia). Y se me ha colado otro que me ha recomendado mi amigo José Manuel A. R.: La revolución romana, de Ronald Syme, otro clásico para comprender transición de la República romana a la dictadura de Octavio Augusto. Este último es un libro extenso, que exige al lector que se ponga con horario, pico, pala y subrayadores. Pero merece la pena. Ayer lo concluí y me parece otro libro indispensable para entender qué pasó en Roma y qué pasa en nuestro mundo actual. Me parece que ya he hecho méritos suficientes para leer la mencionada biografía de San Agustín de Hipona. ¡Cuánto vivió y qué listo era! Si me lo pedís (si no también, porque ¿quién me va a pedir eso?), os cuento algo del personaje y su mundo cuando la termine. Haremos el esfuerzo (verás, paciente lector, que yo me lo digo todo..., perdóname).

Pasemos a las "escrituras". 

El año pasado (2025) publiqué más de la cuenta. Abrí el año con La escuela despistada, un ensayo sobre educación. Después del verano saqué La Princesa Perejil y otros cuentos, que, como bien dice el título, es un libro de cuentos (literatura infantil y juvenil). Y en Navidad salió De Oviedo a O Cádavo. Ocho etapas del Camino Primitivo de Santiago, donde narro mis andanzas en el Camino de Santiago (el título del libro es explícito) del 11 al 20 de octubre de 2025; este libro lo he escrito con premura y entusiasmo, animado por los amigos peregrinos que hice en esos días y que han sido el verdadero acicate para meter la cabeza en el folio y no sacarla hasta terminar.

Para mis costumbres, me parece demasiada literatura publicada en un año. Los libros, como el vino, el coñac o el whisky, mejoran en el cajón (una barrica de roble haría la misma función si la materia física de los libros fuera líquida). De los tres libros mencionados, literariamente sólo me gusta el de la Princesa Perejil, que recopila cuentos largos antiguos y otros cortos más recientes. A la hora de opinar sobre mí mismo soy un lector más, así que respeto todas las opiniones, desde las desfavorables a los tres libros hasta las que son indulgentes con alguno de ellos.

He empezado la escritura de Yancelis en el valle, una novela infantil y juvenil que tardará mucho en ver la luz. Me está costando y me costará, sin duda, sangre, sudor y lágrimas, como me costó en su día escribir La puerta de Luna (2019). Me he metido en un buen berenjenal. Ojalá salga lo que yo quiero que salga, pero uno hace lo que puede y batalla con sus limitaciones: en mi caso, demasiadas y muy palpables. Yancelis en el valle va a chupar cajón como nunca antes lo ha hecho un libro mío. No se debe escribir con prisa y quisiera ser fiel a este principio, la novela lo merece.

Si los hados y los cielos (nubes, rayos y huracanes) me son propicios, volveré en unas semanas a terminar lo que me dejé pendiente en octubre para llegar a Santiago de Compostela: seis etapas por tierras gallegas, más los viajes de ida y vuelta desde Leganés. Llevaré una libreta negra (ya la he comprado) para ir tomando notas. ¿Será la continuación de De Oviedo a O Cádavo? Quizás, pero esta vez iré con más calma y menos precipitación, y no me dejaré presionar, aunque las presiones sean desde el cariño. Ya veremos.

¡Ay, las otras cosillas! La semana pasada fui a ver Hamnet, película dirigida por Chloe Zhao y basada en la novela del mismo título de Maggie O'Farrel (coguionista con la directora). Se basa en el hecho histórico de la muerte de un hijo de once años de Shakespeare y su esposa Agnes. El dolor de ambos sería el origen del drama de Hamlet, quizás la mejor obra teatral de Shakespeare. La película es una obra de arte, se la mire por donde se la mire (actores, dirección, guion, luz, decorados, vestuario, música...). Al salir del cine, pensé: "Aprende, Amenábar. Nuestro Cervantes da para esto y mucho más..." (comenté en la anterior entrada del blog que El cautivo de Amenábar no me gustó nada de nada, y di mis razones). Y me dio mucha pena lo abandonados que tenemos a nuestros autores teatrales del Siglo de Oro, que fueron verdaderos genios: Lope de Vega, Calderón de la Barca, Sor Juana Inés de la Cruz, Tirso de Molina y otros. En fin, ¡qué le vamos a hacer!

Queridos lectores: como ya no tengo nada que decir sobre educación con conocimiento de causa, pues en mi actual etapa no subo una fila a diario en el colegio, estoy pensando en cambiar el nombre del blog y llamarlo Escribir para no morirse de asco, o algo parecido. Tengo que considerarlo con calma. Si hubiere cambio, os avisaré.

Hasta la próxima.

Carlos Cuadrado Gómez


lunes, 27 de octubre de 2025

No me ha gustado ("El cautivo" de Amenábar)

 

NO ME HA GUSTADO
(El cautivo, de Amenábar)

El pasado 13 de septiembre de 2025 se estrenó la película El cautivo de Alejandro Amenábar. Ha tenido una extraordinaria promoción previa, incluso en los telediarios de la noche de TVE.

Miguel de Cervantes es el protagonista de la película, que se ubica y ambienta en los cinco años de cautiverio que pasó Cervantes en Argel, tras ser secuestrado el barco en que regresaba a España después de la batalla de Lepanto y otros conflictos bélicos en los que participó como soldado.

Cervantes, que no tuvo biógrafos como Lope de Vega y otros escritores de su época, dejó rastros indirectos de estos años terribles en algunas de sus obras: La novela del cautivo, inserta en los capítulos 39, 40 y 41 de la 1.ª parte del Quijote; Los baños de Argel y Los tratos de Argel, comedias. La gran sultana también es una comedia de cautivos, pero ambientada en Constantinopla.

La película de Amenábar pretende recrear ese episodio de la vida de Miguel de Cervantes, de cuya personalidad seguimos ignorando tanto, en una especie de película histórica ambientada en el Argel que desgraciadamente conoció Cervantes. Algo de histórico tiene la película, pero no la calificaría de histórica por la cantidad de licencias y guiños personales que se toma Amenábar y por la ausencia de hechos históricos significativos, como, por ejemplo, que el hermano menor de Cervantes, Rodrigo, también fue apresado por los piratas argelinos y que fue rescatado antes que él, previo pago de 300 escudos. La familia de los hermanos Cervantes se arruinó en España para reunir el dinero necesario de los rescates. Y Cervantes fue liberado posteriormente cuando se pagaron los 500 escudos que se pedían por él y no antes. No tengo noticias de que los frailes trinitarios hicieran una colecta en Argel para liberar al majete de Miguel.

Que sepamos, Cervantes intentó escapar cuatro veces. Siempre ha sido un interrogante cómo fue posible que no le cortaran algún miembro del cuerpo o incluso que no fuera ajusticiado. Una de las hipótesis es que mantuvo relaciones sexuales con el dueño de la prisión, pero esto no pasa de ser una hipótesis imaginativa, porque de cierto no sabemos nada. España era un pueblo en aquella época y todo se hubiera sabido. Si pasó, no se enteró nadie. Cervantes recibió muchos insultos de sus enemigos: manco, cocu, es decir, cornudo consentido, viejo, escritor de imbecilidades, etc. Pero jamás se le insultó por homosexual (pensemos que entonces la homosexualidad era un delito y se podían tener problemas con la Inquisición) o por cobarde. La palabra empleada en la época era puto. Sin embargo, Miguel sí dedicó este horroroso adjetivo a alguno de sus enemigos, entre otros a Jerónimo de Pasamonte, a quien conoció en sus años de soldado y uno de los nombres que se ha barajado como posible autor del Quijote de Avellaneda. Este sujeto quizás inspiró los personajes de Ginés de Pasamonte (galeote) y Maese Pedro (titiritero) del Quijote verdadero. 

Me parece que Amenábar se explaya en sus fantasías eróticas, cosa que me parece muy bien, pero quiere dar visos de historicidad irrefutable a una faceta de Cervantes sin sustento documental. Partiendo de la hipótesis de la homosexualidad de Cervantes, ¿por qué no?, podría haber hecho una especie de Shakespeare in love, película de 1998 con siete Óscars, y hubiera quedado muy bien. Pero el talento en esta ocasión lo ha dejado aparcado Amenábar. También podría haber hecho alguna genialidad del tipo Brockeback Mountain, película de 2005 que me parece maravillosa. Pero tampoco. En fin, ya con la película de Ágora, de 2009, dedicada a Hipatia de Alejandría, patinó en ciertos detalles que pedían más rigor histórico. ¡Qué le vamos a hacer!

Ya digo en el titular: "No me ha gustado". Y es que no me ha gustado. No me gusta cómo Amenábar trabaja la ambientación, los decorados interiores no sé que fundamento histórico tienen, esa parodia de los trinitarios con don Quijote y Sancho me parece pueril o ese cura que tiene una biblioteca universitaria en la cárcel es totalmente inverosímil. La interpretación del personaje de Cervantes me parece mala, el actor deja mucho que desear. Nuestros actores masculinos tienen que aprender a hablar sin esos suspiros y respiraciones fuertes con que entreveran sus discursos y diálogos. Los carceleros parecen macarras de los ochenta. Yo qué sé. Que no me ha gustado.

No obstante, nada hay tan bueno ni tan malo bajo la capa del cielo. Confieso que me ha gustado cómo se nos muestra la manquera de Cervantes. Recibió un tiro en plena batalla de Lepanto y la mano izquierda le quedó inútil para siempre. No la perdió, tenía mano, pero inservible, tanto como para ser llamado el manco de Lepanto. Creo que Amenábar atina en su representación de la manquera de Cervantes: debió de ser algo así. Que nuestro cineasta se apunte ese tanto.

De rebote, he de agradecer a Alejandro el que me haya estimulado a releer los capítulos 39, 40 y 41 de la primera parte del Quijote y las tres comedias mencionadas. ¡Y es que Miguel escribe tan bien! ¡Cuenta tan bien las cosas! Aunque fue un autor teatral con cierto renombre en la época, hay que admitir que fue eclipsado, y no sólo él, por Lope de Vega. El mismo Cervantes lo reconocía. Pero la prosa de Cervantes es inigualable (el mismo Lope también lo reconocía, aunque fuera a regañadientes), es maravillosa, única. Su genialidad literaria es la que nos empuja a saber cosas de él, aunque sobre su vida y su forma de ser todavía sabemos poco (querríamos saber más) y tenemos muchas lagunas, que tal vez se vayan rellenando con el paso de los años y de las investigaciones.

A Amenábar le daremos el mérito de poner todo su esfuerzo en acercarnos la figura de Cervantes (en España nuestros genios suelen estar más bien olvidados) y de que por unos días la gente hable y especule sobre el autor del Quijote. Ahora bien, no siempre salen bien las cosas, y no por eso despreciamos a los buenos artistas. Incluso podemos decir esto del propio Cervantes: su obra es toda superior, pero el Quijote es excepcional y sus otros libros no alcanzan ese nivel de genialidad.

No han pasado ni siquiera dos meses del estreno del Cautivo y nadie habla ya de la película. Sin embargo, de Cervantes se habla todos los días en algún lugar del mundo. Volveremos a comentarla cuando TVE la emita dentro de un año o dos, pero con menos pasión de lo que lo hacemos ahora.

Que Cervantes cierre esta entrada en el blog. Dice el cautivo en el capítulo 41:

Pero lo que a mí más me fatigaba era el ver a pie a Zoraida por aquellas asperezas, que, puesto que alguna vez la puse sobre mis hombros, más le cansaba a ella mi cansancio que la reposaba su reposo; y así, nunca más quiso que yo aquel trabajo tomase.

¡Precioso! ¿No? Hasta otra. O "vale", o sea, adiós.

Carlos Cuadrado Gómez

lunes, 14 de abril de 2025

Mario Vargas Llosa. Nota funeraria


Mario Vargas Llosa
NOTA FUNERARIA

Algunos amigos me han comunicado la muerte de don Mario Vargas Llosa: ayer, domingo 13 de abril, a los 89 años. Hoy ha llegado la noticia a los periódicos nacionales. En los telediarios será una noticia destacada y todos darán informaciones de su vida literaria y de su vida personal. Estos amigos me han dicho: "Cuenta algo tú de tu puño y letra". Aparco durante un rato la redacción de Ocho días en Marruecos y me pongo con ello.

De Vargas Llosa he leído toda su obra literaria: novelas, ensayos y teatro. Es un merecido premio Nobel y premio Cervantes, no me cabe duda. En persona le he visto en varias ocasiones. En una Feria del Libro de Madrid tuvimos la suerte de que firmara en la caseta de Punto y Coma, una de las librerías de Leganés. Fernando, el librero, consiguió que don Mario estuviese en ese espacio-embajada cultural de nuestro pueblo, lo cual hay que reconocérselo como un gran logro. Me firmó mi ejemplar de Conversación en la Catedral. En el salón de actos de la RAE estuve en la sesión de ingreso de Félix de Azúa: don Mario llegó acompañado de Isabel Preisler y leyó la contestación al discurso del nuevo académico.

No olvido la anécdota que me contó mi amigo Andrés, hijo de mi amigo Vidal (el padre me la ha contado más veces que el hijo), cuando en esa feria del libro, o en otra, se acercó a que don Mario le firmara un libro, no sé cuál. Andrés era un niño y don Mario le  preguntó:

-¿Lees mucho?

-Sí, leo mucho -respondió Andrés.

-Yo de niño era un lector voraz -le dijo don Mario-. Nunca pierdas esa afición.

Don Mario ha sido un lector voraz ("vorás" en su elegante pronunciación peruana) de niño y hasta el momento de morirse. Aparte de su calidad literaria, reconozco su amor incondicional a la literatura y una capacidad de trabajo titánica.

No me interesa la vida privada de los escritores. Admito que Vargas Llosa ha pasado por el mundo "con pena y con gloria", su existencia no ha sido anodina. Pero me es igual que se casara con su tía Julia, luego con Patricia (su prima hermana), luego se enrollara con Isabel Presiler, luego volviera con la prima Patricia. También me son indiferentes sus peleas con García Márquez, sus aventuras en la política peruana, cuando fue candidato a la presidencia el año que ganó Alberto Fujimori, o sus opiniones neoliberales de última hora. Si don Mario pasa a la historia y ahora estoy hablando de él, no es por ese cachondeo biográfico, sino por sus libros.

Toda la producción de Vargas Llosa, desde Los jefes a Le dedico mi silencio, tiene un nivel profesional y una calidad innegables. Bien es cierto que en Le dedico mi silencio don Mario está flojo y abusa de trucos y triquiñuelas de escritores cansados, pero es tan bueno lo anterior que se lo perdonamos.

En mi opinión su mejor novela es Conversación en la catedral. Es una novela de dictadura, no es una novela de dictador (ese género lo cultiva en La fiesta del chivo): Vargas Llosa bucea en los entresijos del funcionamiento de una dictadura y los saca a la luz con una maestría literaria indiscutible. Él siempre ha reconocido que es su mejor libro y el que más le costó escribir. En esta novela están muy presentes la técnica de William Faulkner y, por supuesto, la de Las olas de Virginia Woolf, que es uno los principales referentes de los escritores del Boom latinoamericano.

Después estaría para mí La guerra del fin del mundo, una especie de novela histórica de la guerra de Canudos, sucedida al norte de Brasil a finales del siglo XIX. Es una epopeya que recrea el proceso de mitificación de líderes religiosos en un mundo de miseria, los intereses y los métodos de los poderosos y la violencia de la guerra. Es llamativo el empleo de las técnicas cinematográficas para narrar desde distintas perspectivas algunas batallas que suceden en el libro.

Me divertí mucho con la novela policíaca Lituma en los Andes. En lo más perdido de los Andes, en una zona minera, el cabo Lituma investiga tres crímenes terribles, con poca o nula ayuda del estamento superior. Para mí tiene un valor sentimental esta novela porque se la regalé a mi madre cuando cumplió 60 años, y no quiso leerla antes que yo: "Léela tú primero, hijo". Ya habíamos compartido la lectura de ¿Quién mató a Palomino Molero? Disfrutamos mucho comentando los detalles. Esa época también leímos juntos Mazurca para dos muertos de Camilo José Cela. Ignoro si la relación de ambos escritores se limitó a compartir algunos actos académicos o fue más allá.

Fonchito y la luna es un libro para niños precioso. Cuando se publicó, lo llevé a mi colegio y lo he leído con mis alumnos muchas veces. Pienso que el personaje del niño Fonchito lo saca don Mario de su novela Elogio de la madrastra y de Los cuadernos de don Rigoberto, dos novelas eróticas en las que Fonchito está en las antípodas de la inocencia infantil. ¡Que no se nos cruce un Fonchito de esos en el camino! Pero, tranquilos, quien lea Fonchito y la luna comprobará que es un libro apto para todos los públicos.

Siempre he aconsejado la lectura de la obra de Mario Vargas Llosa. Quien se acerque por primera vez a él que no empiece por Conversación en la Catedral, es un libro que exige mucho al lector. Tal vez debería comenzar por La tía Julia y el escribidor o Pantaleón y las visitadoras. Ahora bien, cualquier comienzo es bueno, y un lector valiente puede con todo.

¿Se leerá a Mario Vargas Llosa dentro de cien años fuera de los círculos académicos? Es imposible hacer un vaticinio semejante. ¿Acaso los contemporáneos de Virginia Woolf pensaban que su obra tendría una trascendencia fundamental en la historia de la literatura o que la mencionaríamos en esta nota funeraria? Pues no. Ahora es el momento de leer a don Mario, dentro de cien años el autor de esta nota y sus lectores seremos polvo de huesos o cenizas envasadas, y todo nos dará igual. Oye, ¡y no pasa nada!

Carlos Cuadrado Gómez

viernes, 14 de marzo de 2025

La escuela despistada - Presentación

 



PRESENTACIÓN EN LA BIBLIOTECA CENTRAL

Parece que las presentaciones de este autor en la Biblioteca Central de Leganés siempre están pasadas por agua. Este jueves, 13 de marzo de 2025, los cielos estuvieron tranquilos hasta media hora antes de la presentación: en ese momento se abrieron y dejaron caer agua sin tino. No importaba, dentro de la biblioteca, que es un edificio precioso, en su salón de actos, estuvimos al resguardo y hablando de educación tan a gusto.

Mil gracias, y más si pudiera, a Luz Mari Blanco Manzanas, que presentó el libro conmigo (hace diez años también presentamos juntos La escuela del entretenimiento), y a Ana Isabel Narro, bibliotecaria principal de esta biblioteca, que nos recibió, nos acogió e hizo que nos sintiéramos como en casa. También doy las gracias a todos los que compartisteis conmigo esta tarde, participando activamente y consiguiendo que La escuela despistada tuviera una salida al mundo digna y amable: ahora que ella corra sola, que ya le hemos dado un buen impulso entre todos.

Comentamos las dos partes del libro: en la primera se analiza el mundo en que vivimos, incidiendo en los aspectos que afectan directamente a la escuela del siglo XXI; y en la segunda se reflexiona sobre cómo influyen esos elementos culturales en la propia escuela y cuáles son las causas del despiste o desorientación en pilares tan fundamentales como qué enseñar (currículo) y cómo enseñar (didáctica). Lo más interesante, sin duda, fue el debate posterior a las exposiciones de la presentadora y el autor.

La hora se nos echaba encima, pero nadie tenía ganas de levantarse, la sesión estaba muy animada. Por fin, nos dijeron: Por favor, es que ya vamos a cerrar. Entendimos, evidentemente, que debíamos abandonar el lugar. Cuando salimos a la calle, seguía lloviendo.

Concluyo con un fragmento del libro que leyó Ana Isabel: 
 
Asociado al qué enseñar está el cómo enseñar. 
El cómo enseñar, que llamaremos genéricamente didáctica, está intrínsecamente unido al cómo se aprende. Cómo enseñar es la segunda pata del binomio enseñanza/aprendizaje, que es un proceso que se realiza en la interacción directa entre maestro y alumno (acto didáctico).
La didáctica consiste en crear las mejores condiciones ambientales para que el alumno construya su propio aprendizaje. Aprende el alumno, nadie puede aprender en su lugar. El profesor es un mediador entre los contenidos del currículo (cognitivos, procedimentales, actitudinales) y el proceso de aprendizaje del alumno. En esa mediación está la esencia de ser maestro.
La didáctica es una disciplina pedagógica aplicada, cuya meta es solucionar los problemas prácticos que conciernen al proceso de enseñanza-aprendizaje. Requiere reflexión, planificación y análisis por parte del docente (Medina y Salvador: 2003, 14s).
El DLE define la didáctica, en su acepción cuarta, como «el arte de enseñar». Comparto esta definición, pues enseñar, en cuanto arte —no dudo de que lo es—, requiere a partes iguales técnica (ciencia) e intuición o duende (creatividad). Para María Montessori la enseñanza es un arte que «consiste en saber medir el grado de ayuda que se debe prestar al niño» (Montessori: 2009, 267). Una tarea que es muy delicada y difícil, porque «toda ayuda inútil es un obstáculo al desarrollo de las fuerzas naturales del niño» (Montessori: 2009, 155). Encontrar el punto o la medida exacta de esa ayuda es un arte.
Los niños sin ayuda aprenden y dejan de aprender muchas cosas dentro y fuera de la escuela, pero los contenidos del currículo escolar les han de llegar a través de la mediación de los profesores (Escaño y Gil: 1994, 67). Esta es una de las funciones esenciales de la escuela.

Gracias de nuevo. Hasta la próxima.

Carlos Cuadrado Gómez

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jueves, 5 de diciembre de 2024

Como Lady Whistledown

 


COMO LADY WHISTLEDOWN

Los seguidores de la serie televisiva Bridgerton saben que en la segunda temporada la autora de unos panfletos de cotilleos sobre la alta sociedad londinense de principios del XIX está un tiempo en silencio sin publicar nada. Los panfletos que escribe Lady Whistledown, que es el seudónimo que protege en el anonimato a la autora, son una especie de revista del corazón, parecida al Hola, que siguen con pasión los lectores de la nobleza y que reporta importantes beneficios a su autora oculta. Yo adoro los spoilers cuando soy la víctima, pero no haré ninguno en esta entrada del blog. ¿Quién se oculta tras el seudónimo de Lady Whistledown? Tendrán que ver la serie.

Como Lady Whistledown, llevo unos meses en silencio. He publicado algunos cuentos y poesías en el blog de Cuentos para Pablo y Paula, pero aquí ni una línea. No me pasa nada, estoy bien y muy libre, dedicado a mis labores, entre las que está la escritura de La escuela despistada, que me está llevando más tiempo y esfuerzo del que esperaba. Va muy avanzado el libro. Espero que en los primeros meses de 2025 vea la luz. Tal vez vaya publicando extractos para no perder la atención de los lectores de este blog, pero no me comprometo a nada. Lo que sí puedo asegurar es que La escuela despistada se publicará, quede como quede. Con este tipo de libros uno tiene el temor de que se queden en panfletos baratos, como largas homilías mal escritas y predicadas en el desierto. Ya veremos.

Sobre educación pocas entradas más escribiré en el blog. Si no se pisa la arena de los patios de recreo y a veces se coge un puñado para frotarse las manos como un gladiador, poco se puede opinar sobre lo que pasa en los colegios. Seré consecuente. Pero en este blog también la cultura, sobre todo los libros, han tenido y tendrán un espacio importante.

Ser lector es un modo de vivir. Hay lectores de ocasión, que está muy bien y posiblemente es el mejor modo de leer, y lectores de cuerpo entero, que se pasan la vida con un libro en las manos, como algunos de mis personajes favoritos de los Bridgerton: Penélope y Eloise. Por cierto, ambas han leído el Quijote de Cervantes. Cuando les escuché la conversación, di un respingo en el sofá (mi sofá es muy incómodo y poco atractivo, pero es el único asiento que hay frente al televisor). Me ganaron el corazón para siempre. He de decir, amable lector, que en vida de Cervantes la Primera Parte del Quijote se tradujo al inglés, con gran éxito editorial. 

Para los lectores de cuerpo entero, como mi amigo Guillermo M. Schrem, la lectura forma parte del día a día de la misma forma que el aseo, la comida o el mismísimo respirar. No importa la cantidad de libros que uno lea, eso es lo de menos, sino la convivencia diaria con otros seres humanos, vivos o muertos, que se han molestado en escribir cosas de todo tipo, algunas muy interesantes, algunas muy tediosas, otras muy bonitas, y que con suavidad nos alivian la pesadumbre del existir y el miedo a la soledad. ¿Qué más podemos pedir?

Estoy releyendo el Romancero gitano de Federico García Lorca. Siento que no me lo merezco. Qué calidad y qué magia. ¿Cómo no va a estar Federico en la historia de la literatura universal? Lo que lamento es que se me está acabando y me voy a quedar como vacío y desolado cuando lea el último verso. Otro poeta vendrá a rescatarme. ¡Pero es que es tan bueno Federico!

Recomiendo tener varios libros abiertos a la vez, de distintos géneros, ir pasando de uno a otro según las ganas y el momento del día. Es mejor tener varios compañeros de camino que uno solo, así el fastidio de unos se compensa con las alegrías de otros. Ahora no tengo entre manos ninguno aburrido. Mejor.

Comencé hace años y dejé aparcado Gramáticas de la creación de George Steiner. Lo he recuperado y lo estoy leyendo con pasión a poquitos, no es libro de atracones. Esta vez llegaré al final del ensayo, que es extraordinario.

¿Narrativa? Lo he pasado fenomenal con Los amores equivocados de la gran Cristina Peri Rossi. Nunca defrauda, da igual el género que toque, poesía, ensayo o narración. Los once cuentos del libro, algunos con un contenido erótico descarado y directo, son impresionantes, cómo bucean en lo más íntimo del ser humano. Por algo la Peri Rossi tiene el premio Cervantes, no es por casualidad.

Y me está encantado La amiga estupenda de la italiana Elena Ferrante. Una maravilla sobre la amistad de dos niñas napolitanas, cuyo entorno es un mundo hostil pero emocionante, donde vivir es una aventura y un reto diarios. No he llegado al primer tercio de la novela, y contento, no tengo prisa. Cuando un libro me gusta, suelo demorarme para que me dure. 

Y como el niño Vicente era tan repelente que se quedó con el mote de el repelente niño Vicente, aquí lo dejamos. A ver si por excesivo pierdo lectores que, con razón, me manden lejos, por ejemplo a freír monas.

Seguiremos en contacto.

Carlos Cuadrado Gómez

martes, 14 de mayo de 2024

Maestros en el cine

MAESTROS EN EL CINE

Recientemente he visto dos películas en las que los maestros son los protagonistas: El maestro que prometió el mar (2023), dirigida por Patricia Font, y María Montessori (2023), película francesa dirigida por Léa Todorov.

Ambas me han impresionado positivamente. Cada una en su estilo, serían películas para ver con maestros y no maestros, por supuesto, y hacer a continuación un cinefórum. 

Mi intención es animar a que se vean y, por lo menos, sean tema de conversación tomando un café con leche o una taza de té con pastas. Las comentaré brevemente.

En La lengua de las mariposas (película de 1999, dirigida por José Luis Cuerda), el protagonista es un niño, Moncho, y un maestro de la Segunda República en los tiempos previos a la Guerra Civil, don Gregorio, interpretado por Fernando Fernán Gómez. El guion se escribió adaptando unos cuentos de Manuel Rivas. Don Gregorio es un personaje literario cuya figura refleja el interés de aquella generación de maestros republicanos por enseñar de otra manera, renovando los métodos y la concepción misma de lo que es la educación, dentro de la corriente de la Escuela Nueva que se estaba propagando por Europa. El final de la película es trágico. Don Gregorio acaba arrestado y fusilado por los fascistas.

A diferencia de La lengua de las mariposas, Antoni Benaiges, que es el protagonista de El maestro que prometió el mar, fue un maestro de carne y hueso que, como don Gregorio, también acabó arrestado, torturado y fusilado por los fascistas del bando nacional. Hay bastantes paralelismos entre ambas películas: los personajes son maestros republicanos que ponen en práctica una pedagogía innovadora, centrada en el niño y transformadora de la sociedad de aquel tiempo, una sociedad atrasada en muchísimos aspectos. Antoni Benaiges fue el maestro de la escuela nacional mixta de Bañuelos de Bureba, provincia de Burgos, desde 1934 hasta 1936. A ese pequeño pueblo burgalés llega el método de Freinet de su mano. En la imprenta escolar imprime una serie de cuadernillos o publicaciones de sumo interés. Uno de los últimos se titula El mar. Visión de unos niños que no lo han visto nunca. Parece cierto que planeaba hacer una excursión con sus alumnos a verlo a su pueblo natal en la provincia de Tarragona. No pudo ser porque en julio de 1936, como he dicho, lo mataron.

La película se mete en el aula de un maestro freinetista, muestra cómo sería el trabajo en el aula, la relación del docente con sus alumnos, la convivencia entre los niños, las tensiones con las "fuerzas vivas" de la localidad, la vida del maestro fuera del horario escolar, etc. Me parece sumamente interesante. Por supuesto, se toca también la cuestión de la represión franquista a los docentes republicanos, el problema de las fosas comunes y las tensiones actuales a propósito de la exhumación de dichas fosas. El cuerpo de Benaiges no ha sido recuperado y se ignora dónde fue enterrado después de su fusilamiento. El final de la película es muy similar al de La lengua de las mariposas.

Uno de mis principales referentes como maestro es María Montessori, a quien siempre he admirado y admiro. La pedagogía realmente cambia con ella, con su método, con sus innovaciones, con sus materiales escolares, con su paidocentrismo, con el modo como concibe el proceso de enseñanza-aprendizaje. La película María Montessori se centra en sus primeros años de trabajo con alumnos de Educación Especial en Roma. 

María Montessori es la primera mujer que estudia medicina en Italia. Es una pionera en muchos sentidos y, como tal, la vida de esta médica y pedagoga no fue un camino de rosas. 

En la película se puede ver cómo trabaja directamente con niños discapacitados, para los que va diseñando un ambiente y unos materiales que seguimos utilizando hoy en día. La película toca aspectos de su vida personal que yo ignoraba. Supongo que los guionistas habrán sido rigurosos con los datos biográficos que se conocen de ella. Para mí hay un momento especial en la película, que puede pasar desapercibido, pero que me parece de suma importancia: cuando comprende (no voy a reventar la película a los futuros espectadores) que el método que ella emplea con niños discapacitados es extensible y aplicable a niños sin discapacidad, que las diferencias sólo están en el nivel de autonomía de su uso. No digo más.

Confieso que me he emocionado viendo ambas películas. ¿Alguna lágrima furtiva? Sí, alguna, y dos y tres. Pero eso queda para mí. 

Para quien quiera profundizar en Montessori, Freinet y Benaiges hay bibliografía de primera calidad. Se encuentra fácilmente.

Veo complicado lo del cinefórum, pero queda en pie lo del café y la tertulia, que es más fácil.

Carlos Cuadrado Gómez