viernes, 20 de febrero de 2026

Lecturas, escrituras y otras cosillas


LECTURAS, ESCRITURAS Y OTRAS COSILLAS
(Simples comentarios)

Pasan los días, pasan las semanas, pasa la vida. El mundo está realmente revuelto, posiblemente como lo ha estado siempre, pero este es el que nos toca vivir y, por lo tanto, nos toca gozarlo, sufrirlo, simplemente soportarlo o ignorarlo hasta donde nos sea posible. No defiendo el fuga mundi de los clásicos, sólo constato que, en medio de esta vorágine social e informativa, es posible dedicarle un rato a los libros, tanto si los escribimos como si los leemos. En mi opinión, mejor leerlos. La lectura nos da más satisfacciones que la escritura, que la mayoría de las veces es fatigosa y poco gratificante en su fase de proceso. Es más clara la vocación de lector que la de escritor, y, de hecho, la primera siempre precede a la segunda. Si se es sensato, no se probará con la segunda. Pero menos mal que la historia está llena de insensatos a los que da gusto leer.

Comenzaré con Jane Austen. Estoy leyendo sistemáticamente su obra. Es asombroso que una persona que murió con 41 años escribiera unas novelas tan geniales y únicas. A Jane Austen la leyó la familia y cuatro más, lo cual corrobora la idea de que una cosa es escribir y otra distinta publicar y difundir. Jane Austen vivió y escribió en el mundo rural de la Inglaterra de finales del XVIII y principios del XIX, cuando Napoleón Bonaparte campaba a sus anchas por Europa. Sus novelas son magistrales y reflejan la realidad del entorno más cercano a Jane,(el de la gente con recursos económicos), principalmente la vida de las mujeres y los procesos amorosos que acababan o no en matrimonio, en los que el dinero y la posición social eran factores muy determinantes. Por supuesto, las novelas se escriben desde la perspectiva de las mujeres, puesto que la autora es una mujer. Hace tiempo leí Emma, por recomendación de Harold Bloom, pues la incluía en su canon como una escritora imprescindible, junto a Cervantes, Shakespeare o Dante (El canon occidental...). La novela me impresionó.

He vuelto recientemente a Jane Austen porque después del verano vi la serie televisiva Señorita Austen, dedicada a su hermana Casandra Austen y a las cartas que tenía de su hermana Jane (4 capítulos). La actriz que interpreta el papel de Jane, Patsy Ferran, me recordaba a una alumna encantadora que tuve hace años, con misma chispa del personaje de la serie, y eso y el hecho de que desde que leí Emma tenía el compromiso que volver a la Austen me han empujado a leer las siete novelas que escribió en orden cronológico. Hasta el momento he leído, siempre con avidez: Sentido y sensibilidad (1811); Orgullo y prejuicio (1813); Mansfield Park (1814); Emma (1816), que he releído, sinceramente no me acordaba de nada; y La Abadía de Northanger (1818, póstuma). Tengo pendientes las dos últimas: Persuasión (1818, póstuma) y Lady Susan (1871, póstuma). Jane Austin consigue atornillar de tal manera al lector al texto que es muy difícil renunciar a leer la página siguiente y la siguiente y la siguiente. Puedo pecar de torpe, o sin paliativos peco de torpe, pero, aunque no es difícil adivinar el desenlace final, nunca adivino por dónde la va a tirar la autora, de manera que me tiene permanentemente en ascuas y tengo que hacer verdaderos esfuerzos para abandonar la novela hasta el día siguiente. 

La serie televisiva los Bridgerton, a la que dediqué una entrada en diciembre de 2024, le debe muchísimo a nuestra Jane Austen, no cabe duda. Por fin, ha llegado a las pantallas la última temporada, que es el cuento de Cenicienta con "guante" en vez de "zapato". De los ocho capítulos que consta, sólo están disponibles los cuatro primeros, y, sinceramente, ¡no vemos el momento de que aparezcan los siguientes cuatro! Mi hija Teresa y yo estamos enganchados a la Austen y a los Bridgerton y tenemos una enorme ansiedad por saber cómo continúa la historia. Habrá que esperar, no nos queda otra.

Después de lo dicho, mi humilde recomendación, querido lector, es que leas a Jane Austen y no tengas miedo de engancharte a los Bridgerton.

Entre novela y novela de la Austen, he metido otras cosas, por aquello de no darme un atracón del mismo plato y poder saborear lo bueno con algo de sosiego. He descubierto a la joven escritora ecuatoriana Mónica Ojeda (37 años). Vi la entrevista que le hizo Henar Álvarez en el programa Al cielo con ella (02/11/2025). Me pareció una persona brillante, inteligente y muy interesante, y, por su modo de hablar, consideré que merecía leer algo de ella. No me ha defraudado. Acabo de leer Nefando, una novela valiente y dura, que se mete sin miedo en la Deep Web y en los recovecos más profundos de la miseria humana. Pero lo que más me ha llamado la atención ha sido su modo de escribir: una prosa de una calidad sublime. Me ha impresionado de verdad. Con esa técnica y esa sensibilidad, puede escribir lo que le dé la gana. Ahora estoy con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol. Mantiene el nivel. Me recuerda el dominio de la lengua castellana de Miguel Ángel Asturias en Hombres de maíz. ¡Qué gente tan genial hay por el mundo! ¿Recomendable la Ojeda? Por supuesto.

Pasemos a libros sobre romanos. Siempre me he preguntado cómo en el periodo lo que llamamos el final del imperio romano de Occidente (más o menos siglo IV d. C.), sujetos que vivieron en una columna (estilitas) o en cuevas sin apenas comer y beber en medio del monte y, por supuesto, castos pudieron ser un referente moral. ¿Cómo de herida o enferma estaba aquella sociedad para que una conducta patológica de desprecio y de daño al propio cuerpo se percibiera como un modelo a seguir? He estado muchos años sin encontrar una bibliografía ad hoc que me convenciera. Pero la he encontrado recientemente.  Un individuo capital de la época es San Agustín de Hipona, posiblemente uno de los personajes que más han influido e influyen, para bien o para mal, en lo que somos en Occidente. Creo que ya he comentado en alguna ocasión sus Confesiones y De civitate Dei. Se ha reeditado las biografía de Peter Brown (Agustín de Hipona. Una biografía). La tengo en espera, todavía no la he metido el diente. Antes he abordado del mismo autor El mundo de la Antigüedad tardía. De Marco Aurelio a Mahoma (libro imprescindible para comprender ese periodo de la historia). Y se me ha colado otro que me ha recomendado mi amigo José Manuel A. R.: La revolución romana, de Ronald Syme, otro clásico para comprender transición de la república romana a la dictadura de Octavio Augusto. Este último es un libro extenso, que exige al lector que se ponga con horario, pico, pala y subrayadores. Pero merece la pena. Ayer lo concluí y me parece otro libro imprescindible para entender qué pasó en Roma y qué pasa en nuestro mundo actual. Me parece que me he merecido leer la mencionada biografía de Agustín. ¡Cuánto vivió y qué listo era! Si me lo pedís (si no también, porque ¿quién me va a pedir eso?), os cuento algo del personaje y su mundo cuando la termine. Haremos el esfuerzo (verás, paciente lector, que yo me lo digo todo..., perdóname).

Pasemos a las "escrituras". 

EN ELABORACIÓN...

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